Camino y eternidad por Javier Hernandez

José Luis es meta, es éxito y es algo mucho más importante. Lo más importante si
me dan a elegir mediada la película: es camino. Sirva el presente para aludir y dar
por hecha su presencia. Porque quien se atreve a vivir su vida se proyecta
eternamente. Permanece como referente de quienes se animan a hacerlo y como
seductora invitación a quienes todavía no lo hacen y, sin embargo, se ilusionan con
cumplir ochenta, noventa y hasta cien años aguantando la respiración y desoyendo
su voz interior, cada día más enterrada, que les recuerda cómo querrían ser y vivir.
Dicen que es una tragedia morir a los 53 años. La tragedia es morir, en
cualquier caso. Aunque la muerte encierra una virtud aún sin manosear: es
absolutamente democrática. Nadie escapa a ella, por más que a unos les encuentre
mucho antes de lo que sus planes y nuestras lágrimas están humanamente
preparados. Pero si no se ha encontrado fórmula para aplazarla, menos para
zafarse de ella, convengamos que sólo nos queda un aspecto sobre el que tener
ascendencia: decidir cómo vivirla. Como muchos esperan y hasta presionan o como
uno desea. Pasando de puntillas o dejando una huella nítida, esto es, pisando firme
sin pisar a nadie. Yendo contracorriente hasta que la corriente cambie, porque sólo
así logrará cambiarse. Empeñándose en que valer tenga valor y todo quede
ordenado de acuerdo a los méritos que contraigas: ya no sólo por el bien propio
sino también, sobre todo, por el común.

Éstas y muchísimas otras en la misma línea fueron las jugadas que entendí
que José Luis diseñaba en su pizarra vital desde que nos conocimos en 2002, él
como analista y yo como cronista en Heraldo de los partidos en casa del actual CAI
Zaragoza. Ahí también supe que lo venía haciendo desde mucho antes, como
glosan otros textos reunidos en este rincón lleno de cariño y afecto hacia él, y a
partir de ahí también supo hacerlo sin excepción hasta que sólo su cuerpo nos dejó
la tarde del 20 de octubre de 2014.

No es necesario especular sobre la vida eterna para saber que la suya lo es.
Porque en esta sociedad exitista y, por tanto, poco exitosa que entre todos
hacemos posible, aún se nos presentan oportunidades para poner el foco sobre
quienes deberían marcar nuestro camino. Un camino largo y sinuoso si se quiere y,
por momentos, sombreado y no muy concurrido. Pero un camino que lleva a la
meta. A la meta de vivir conforme a lo que sueñas y permitirte hacerlo con todas
tus fuerzas hasta conseguirlo. Atrevámonos a ser eternos, a ser como José Luis.