Trascender al ser por Olga Torres

Delante de este folio en blanco, me siento muy osada al ponerme a escribir de alguien a quien no conocí. No puedo decir que fuésemos amigos, ni siquiera conocidos, ante tu figura me puedo sentir como cualquier aficionado que observaba desde la grada.

Tu gesto serio, tus brazos cruzados, tu mirada analizando lo que pasa, observando  todo con tu aire de galán de cine desde la banda. Tú, el propio protagonista de tu historia, que podría ser la historia de muchos de los tuyos, de los aragoneses.  Gente acostumbrada a trabajar en silencio, a la que no le asusta el tener que alejarse de la tierra, para crecer y para que poco a poco se reconozca lo que hacen.

Ese podría ser el resumen de tu vida, de la vida de unos cuantos, pero en tu caso personal hay matices que la hacen tuya y grande y que la hacen transcender a tu ausencia como en el caso de los grandes.

Supiste hacer sin darte importancia, sabiendo que el camino te volvería a traer a casa, esperando el momento justo para volver. Mientras tanto, fuiste sembrando en la vida de muchas personas, esas que hoy te escriben, te piensan, sienten que te llevan en el corazón

Personas a las que convertiste en parte de ti, que embarcaste en tu modo de ver el baloncesto, que era el modo de ver la vida, no trabajar solo, rodearte  de buenos compañeros y sumar, sin querer ser el centro, sino una parte  y darlo todo por un objetivo, y después el siguiente…

Cómo a Buñuel, Martínez Soria o Labordeta, labraste camino fuera y supiste también hacerlo en esta tierra tuya, donde todo es voluble como el cierzo.

Con la misma elegancia que tenías a pie de pista, supiste regresar a casa. Te manejaste en un camino que etapa a etapa fue escribiendo la parte más gloriosa del baloncesto, tu querido baloncesto, más reciente de Aragón.

Aragón, esa tierra que tantas veces niega el talento de sus hijos, supo ver en ti en valor de tu obra. Tuviste, como pocos elegidos, la suerte de escucharlo de “su propia voz”,  “que estaban orgullosos de tener “un hijo como tú”

Alguien que labró camino silenciosamente, tan silenciosamente como decidió  que se marcharía. Sin querer transcender, sin querer ser noticia, como se retiran los caballeros cuando acaba la partida.

Hasta para decir adiós, supiste ser elegante, sin querer darte importancia, sin darte cuenta de la importancia que habías tenido, cuantos amigos había metido en el bolsillo de tu traje o de la camisa vaquera, que luciste alguna vez más desenfadado en tus visitas a la radio, cuánta gente no iba a aceptar del todo que te habías ido,

Gente que iba a hacer que  José Luis Abós, transcendiera al propio José Luis Abós.

Y como muestra, humilde muestra, estas líneas de alguien que sólo te vio desde el otro lado de la pecera.